My everyday challenge.

My everyday challenge.

Huevos y crustáceos.

Siempre hay guaro de por medio cuando suceden esas conversaciones. Después de muchos abrazos y besos y muchos tragos, el ambiente se vuelve demasiado ligero que cualquier cosa es posible entre nosotros, como hablar desde el corazón.

No se si somos crustáceos o huevos, por la dureza o la falta de técnica que tenemos para quebrarnos el caparazón. Y aunque puede ser que tengas mil formas de quebrarte, hay una forma de sostenerte que impide conocer tu interior. Y aunque parezca que sólo hay una forma de quebrarme, hay muchas técnicas y herramientas para dejar mostrar mi interior.

Al final, da lo mismo, porque sabemos que el guaro siempre será el perfecto catalizador para los dos, para decir esas palabras que se me quedan estancadas en el pecho de la sobriedad; para que con música me digas las palabras que se te esconden en el pecho de la ebriedad.

¿Qué somos y dónde estamos? La respuesta importa menos que la pregunta. Es cierto, debo reconocer que las palabras son estúpidas, inciertas, imprecisas. Llenas de cualidades imperfectas asignadas por una sesgada interpretación. Sin tantos rodeos, cállate. Cállame. Hay mucho por beber y mucho por hacer. 

DA20140228 

Malos Días

Ellen despertó con un agudo dolor en el estómago. Abrió los ojos sólo para ver cómo como los rayos de sol invadían la habitación entrando a través de esa vieja persiana, polvosa y descolorida como un ejército declarando una guerra sin tregua. Giró sobre la cama de resortes gastados, sólo Dios sabe cuantas personas diferentes habían retozado en ese mismo colchón, y dando la espalda a esa ventana que se abría a una ciudad emergente en un bullicio de gente, carros y humo, comenzó a tararear una melodía sin sentido, tratando de aliviar su dolor. Un sabor amargo le llenó la boca. Permaneció inerte por unos minutos hasta que el sabor en su boca se volvió demasiado nausabundo imposible de contener.  

Corrió hacia el baño y un hilo de saliva transparente mezclada con sangre salió por su boca. “Repugnante.” murmuró mientras se inspeccionaba el pálido rostro en el pequeño espejo ovalado, manchado y corroído que colgaba de la pared que en algún momento fue verde aqua y ahora lucía como una laguna estancada de agua sucia.

Cepilló sus dientes frenéticamente y enjuagó su boca con uno de esos sueros sabor a menta que venden en los supermercados pero no fue suficiente, pues el sabor amargo persistía en su boca. Caminó de regreso a su cama buscado refugio, pero era demasiado tarde: el sol había ganado la batalla y la habitación se había convertido en un horno vaporoso y asfixiante que magnificaba el olor a encierro.

Eran las siete menos cuarto cuando el pequeño dictador metálico accionó su alarma estrepitosa anunciando que era hora de comenzar un nuevo día. “Un brillante y nuevo día, lleno de esperanzas y vitalidad.” Dijo en tono sarcástico mientras buscaba con qué ropas disfrazarse para salir y saludar a la humanidad. “Tu problema, Ellen, es que olvidas dar las gracias al despertar.” Dijo en tono burlón. “Por supuesto, Rachel siempre tiene un consejo para cada ocasión. Especialmente cuando la ocasión es que nadie se lo pide.” Encontró un vestido gris entre la cesta de ropa, lo inspeccionó para ver que tan arrugado estaba. “Es ridículo! Ridículo! Ridículo!” Se disfrazó de mala gana y se acercó al espejo una vez más para asegurarse de lo patético de aquella situación. No sabía que era peor, si el encierro asfixiante de esa habitación en el cuarto piso, o el recordatorio en su pequeño aparato celular que le anunciaba que era un día “importante”, con gente “importante” para hablar de “cosas importantes.” Lo que sí sabía era que no tenía opción, y aún en contra de toda voluntad en cada fibra de su cuerpo, tenía que salir a fingir simpatía por el mundo. Ese mundo estrecho y reducido que tejía mentiras por verdades a cambio de firmas en papeles blancos que luego se convertirían en más papeles, sólo que esta vez de color verde con pequeños números impresos. “Ridículo.”

Delineó sus ojos de negro. Como todos los días, ensayó mil sonrisas frente al espejo y con la emoción que una vaca siente al ser llevada al matadero, cogió las llaves y salió del apartamento. 



DA20140129

"Cycles"

We walk alone waiting to find each other once a month when the night unveils an oracle full of love. We walk alone endless roads during hazy summers, subdued falls and fragmented winters until we reach wellsprings of love to quench our thirst and wash our loneliness away. We find ourselves once a month when the moon casts our shadows in the sand while we sing crystal lullabies and hoist colors to sail adrift, departing together in synchronized sleep. 

We come alone and we leave alone, but once a month we belong together. Our timing is a weird loop of beginnings and ends; of love, trust and hate; of pride and surrendership. Shall we remember that this has been our choice, and like poets, we find our muse high above once a month, when our souls weep at the darkest hour at night, when our silence is unbearable, when we recall choosing this absence instead of perfect dreams and smiles, when once a month we doubt to come back but the moon serves as an infallible reminder that this love has bound us so tight that is futile for us to withdraw. 


DA20140126

Here & Now

We like not knowing, and for that we rather not ask. We rather forget and we choose to go blind over what’s obvious because accepting the evidence means game over.

We like not knowing, and for that we choose to leave. To see things from different perspectives because being too close is just another kind of blindness.

We like not knowing, and for that we learn to forget, so every action could be a surprise of what we already know, because what is life without surprises?

We like not knowing because it’s amusing to play this uncertain game, where we don’t know if there will be another day for our worlds to collide. And we hide behind ideas of the past and we pretend to be spontaneous when what we actually do is plan for the future only to ditch those plans away since following the rules is something we both despise.

However, there is a part of me that wants to run away so mad that scares me, but running away is not such a desperate need since everytime I do run is to go back to your side, that warm and soft side of yours that smells more like true love that has me knocked and rocked to my core; and even though we like playing like we don’t know, we do know.

We do know this truth that we got us pawned in some sort of whimsical love where our minds are useless since for love there is no rationality, only “here and now”.


DA20131209

Paciencia

Apareció entonces el zorro;
-Buenos días -saludó el zorro.
-Buenos días -contestó amablemente el principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.
-Si me buscas, aquí estoy -aclaró el zorro- debajo del manzano…
-Pero…, ¿quién eres tú? -preguntó el principito- Eres muy hermoso…
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Acércate…, ven a jugar conmigo -propuso el principito- Estoy tan triste!…
-¿Jugar contigo? No…, no puedo -dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
-Ah! Perdón -se excusó el principito.

Interrogó, luego de meditar un instante:

-¿Has dicho “domesticar”? ¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -afirmó el zorro- ¿Puedes decirme qué es lo que buscas?
-Busco a los hombres-respondió el principito- Dime, ¿qué significa “domesticar”?
-Los hombres-intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crían también gallinas; es su único interés. ¿Tú buscas gallinas, verdad?
-No- dijo el principito- Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
-Ah!…, es una cosa muy olvidada -respondió el zorro- Significa “crear lazos”.
-¿Crear lazos? -preguntó el principito.
-Así es -confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para ti más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas…, sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…
-Creo que empiezo a entender -dijo el principito- Hay una flor… Creo que me ha domesticado.
-Es probable -contestó el zorro- En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas…!
-¡Oh! No es en la Tierra -se apresuró a decir el principito.

El zorro se quedó no menos que intrigado.

-¿Acaso en otro planeta?
-Sí.
-¿Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?
-¡Oh, no! No los hay.
-Me está resultando muy interesante, ¿Hay gallinas?
-No.
-No existe nada que sea perfecto -dijo el zorro suspirando.

Luego prosiguió:

-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que…, si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. ¡Mira! ¿Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. ¡Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo…

El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.

-¡Por favor… domestícame! -suplicó.
-Lo haría, pero… no dispongo de mucho tiempo -contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-¿Sabes…? Sólo se conocen las cosas que se domestican -afirmó el zorro. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y… como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, ¡domestícame!
-Y… ¿qué es lo que debo hacer? -preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia -respondió el zorro. En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mí sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.

Al otro día el principito volvió:

-Lo mejor es venir siempre a la misma hora -dijo el zorro. Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; ¡comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué son los ritos? -preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado -contestó el zorro. Es aquello que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.

Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro. Voy a llorar.
-No es mi culpa -repuso el principito. Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño…
-Sí, yo quise que me domesticaras -dijo el zorro.
-¡Pero dices que llorarás!
-Sí -confirmó el zorro.
-¿Ganas algo entonces? -preguntó el principito.
-Gano -aseguró el zorro- por el color del trigo.

Luego sugirió al principito:

-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.

Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:

-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.

Las rosas se mostraron ciertamente molestas.

-Sois bellas, pero aún estáis vacías -agregó- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa…

Regresó hacia donde estaba el zorro:

-Adiós -dijo.
-Adiós -dijo el zorro. Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa…-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad -dijo el zorro. En cambio tú, por favor… no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa…-dijo en voz alta el principito a fin de recordar…

Antoine de Saint-Exúpery

Reminderz! 
found. 

Nameless

You are nameless. You are you and you are me. You’re a friend, a best friend. A 24 hour partner in bed. You’re a welcome and good-bye kiss. You’re a cheerful hugh and a tear at night. You’re a moment of perfection and an eternity of chaos. I can’t call you names. You are everything in contrasts. You are me. You are present, past and future. You’re a memory and a desire. You are brief and eternal sunshine. You are precise past and abstract future. You are an idea, a reflection myself. You are stories, poetry and dreams. You’re a footprint in the sand disappearing with the tide. You’re a second, a minute, an hour, a day, and eternity at the same time. You are a part of me, and when you are not me, you are you. You are closed. A mystery. A fortress and a vigilant tower. You’re a bridge over a pond. Sometimes an open door and a bed full of love. You are distance and closeness. You are silence and exclamation, sometimes even confessions. You exist not yet you are omnipresent wherever I go. You are a thought and a desire. A timeline mixed with mine. You are a gift to enjoy silently and alone, and a gift to give away for others to enjoy. You are a window and a door. You are steps in the sands of time. A step ahead and a laugh behind. A tear at nigth. You’re a silence. A gap. An instinct of survival. An escape, many ways to get lost and a compass to find north. You’re a boat. An anchor to stay and a sail to navigate. You are everything from fiction and dreams to reality and moments to recall. You are nameless. You are me.


DA20131204

Insomnio

La noche se desdibuja en lapsos constantes de segundos que forman horas circulares donde nada sorprendente pasa, sin embargo me parece que ya ha pasado una eternidad, y mientras todos duermen, yo me entretengo en un artificio de letras, enriqueciendo la oscuridad y la soledad con historias ajenas, historias de papel.

Aún no me acostumbro al frío de esta ciudad y no es por falta de voluntad, es quizás que simplemente el termostato de mi cuerpo no esta diseñado para el frío, o quizás sea que no estoy familiarizada a sentir la ausencia, tu ausencia que a estas horas me da vuelta en la cabeza y en el estómago mientras veo los segundos formar horas y la mente trazar círculos viciosos donde me pregunto donde estarás, si algún día regresarás, si realmente alguna vez estuviste o si todo ha sido una proyección en el vacío infinito de las noches.

"Es difícil esto de cambiar. Definitivamente esto de sustituir un hábito por otro no siempre da buen resultado." reflexiono mientras abro los ojos con la frustración de tratar por dos horas, de inducirme al sueño sin ningún resultado. Pero no es la falta de sueño lo que me impide dormir. Es este frío insolente lo que me tiene me mantiene despierta y a la defensiva. Ese frío y estos juegos mentales de los que a veces logro escapar a traves de una corta y ligera siesta que hoy se niega a aparecer.

Desde la Prohibición del uso de sustancias para inducir la mente hacia estados de calma y paz, la tarea de encontrar sustitutos saludables para dormir ha sido toda una odisea. Desde el “vaso de leche”, las cien millones de ovejas (o cualquier otro animal de su preferencia que pueda saltar cercas cruzar puertas o pasar de un lugar a otro) hasta en popular “lea cualquier cosa que le resulte aburrido”, nada parece frenar la locomotora de pensamientos en mi cabeza. Lo peor de todo es que ni siquiera me resultan coherentes, es más bien una verborrea disfrazada de preguntas que categoricamente se anulan la una a la otra. Este hábito de contestar con preguntas me está jugando un juego sin escapatoria, un juego sin un final vencedor porque sé que cada pregunta es una excusa más para justificar mi insomnio.

La única respuesta se escurre en palabras inaudibles. Es el frío de la ausencia lo que me impide dormir, y esto me pasa por dejar la puerta abierta, por pensar que algún día querrías regresar pero con el tiempo me doy cuenta que lo único que está entrando es esta corriente de aire frío, que más que los huesos, ya me está congelando esta berraca gana de esperarte, especialmente porque no es la primera vez que cometo tal impertinencia de andar dejando puertas abiertas, especialmente porque ya la edad resiente el frío y la mente la ausencia.

DA20131130

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Épocas

Es esa época del año otra vez, cuando la ciudad se llena de pequeñas luces de colores, las calles se llenan de festivas multitudes y mientras los centros comerciales pululan de familias, las cantinas de borrachos.

El clima arrasa con ese calor infernal y benevolentemente hace volar las hojas y los sueños de los transeúntes en las calles que disfrutan de la música de ambiente, música de Navidad.

Es esa época del año. Otra vez. La época cuando soy un transeúnte más. Uno sin muchos sueños. Uno sin mucha emoción más que la de llegar a casa y escapar de esta multitud.

Si, debo aceptarlo. Me aterran las multitudes. Y peor las de Navidad. Uno nunca sabe cuando lo van a querer contagiar con esa “chispa” mágica, con esa ilusión efímera de que por un instante todo está bien.

"Todo debería estar bien siempre. No solo hoy. No solo este mes."

Mientras el frío carcome mis huesos y la tos seca y la picazón encuentran morada en mi pecho y garganta, me detengo por unos minutos… horas… ya no sé, a beber un chocolate caliente y observar pacientemente a esos sueños disfrazados de humanos marchar, quizás porque estoy aburrido, quizás para aliviar estos ánimos caídos. La Navidad se acerca y por primera vez, estoy sintiendo la ausencia como se sienten a los difuntos.

Me froto las manos para mitigar el frío mientras me digo a mi mismo que todo estará bien. “Todo está bien siempre.”

Tengo ganas de llorar. Odio llorar. Tener que fingir que no pasa nada cuando la verdad es que un torrente de lágrimas se quiere escapar. Odio tener que mentir, disimular detrás del smartphone, evadir el contacto visual, fingir que tengo gripe o actuar algún bostezo innecesario para disimular la nariz roja y los ojos que comienzan a hincharse ante la frustración de darte cuenta que nuevamente te equivocaste, y para terminar el chiste, te volviste a equivocar con la misma piedra.

A estas alturas de la vida, las lágrimas ya no saben a enojo. Saben a frustración. Esa fría y salada frustración que se me está mezclando en la boca con lo dulce del chocolate caliente. Esa frustración que hace que las manos me tiemblen más por emoción que por frío. Esa frustración que está haciendo que me den ganas de irme de aquí y dejar de escribir porque sé que hay cosas que no pueden ser diferentes, que deben seguir siendo igual, como esa música navideña que flota en el aire. La misma de siempre. La misma que suena allá de donde vengo. La misma que suena aquí y seguirá sonando allá a donde voy.

Porque esa es la magia de las cosas: pretender que hay cosas que nunca cambian, aunque deberían cambiar. Pretender que todo está bien, porque, “por qué tendrían que estar mal?”


DA20131125

"Burn the witch" yelled the 21st century priest, head of the Council dressed in a pin-striped suit. His words echoed the gigantic council room where three young and two old priests nodded.

"Shall she not speak." replied the Council in unison.

"Silence to you, the arrogant witch, the one who speaks in the name of evil. The one who damages the reputation of this perfect system." Pointed out one of the young priests.

"Shall this actions be a reminder for your fellow woman that this is a man’s world" sentenced the head of the Council.

"This is a man’s world! This is a man’s world! This is a man’s world!" Sang aloud the five council men.

"Burn the witch!" cried the People’s Republic of Men.

For women only task is to obey silently.


DA20131120

Game Over

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I don’t want to cry but it just saddens me to realize that there are times when you can get too stubborn on ideas of change, ideas that could lead the way to a better situation, and even though Churchill said “we shall never surrender” there comes a time when we, the figther types, the stubborn ones, the impatient ones must give up and step aside.

In the field you do your best, but from time to time, backstage crying is allowed. For I know what it means to sail alone with flags of honor and pride. Life certaintly has its ways with pride. “Mamma said like the rain this too shall pass.” Maynard sings in my head.

"It will pass." I repeat to myself staring at the void where cigarrette smoke swirls and dissolves. A beautiful metaphor that nothing has real substance.

"The game will remain the same." Claims the inner prophet.

So, it’s time for me to retreat to fictional worlds since the burden of the status quo is too much to deal with. In the end, it all comes to a lesson to accept the artist within. The one that cries out loud during the winter, the one that falls in love easily with the new during beachy summer nights. The one that even when adversity leads the way, will never surrender, will never give up to the dreams of the “self”. The one that will hope for the best and will channel whatever is going on in the form of stories and drawings and words and sounds. The one that starts with this post.

As Waters sang “The show must go on”.

The audience will never notice.

DA20131119

Extracto de “Rojo Rococó”


Ella había sido una luz en mi universo. La había descubierto como a esos fugitivos que buscan refugio temporal, había entrado por mi única debilidad: la soledad. Así la encontré un día, sentada en una esquina como esperando ser encontrada. Me asusté al verla tan serena, ofreciéndome su amor indefenso. No sé si fue compasión o si realmente me conmocionó verla así de desprotegida. La había tomado en mis brazos, la había abrazado tan fuerte que sentí su corazón palpitar junto al mío.

Sentí miedo al darme cuenta que estaba sintiendo algo por ella. Por qué ella? Por qué ahora? Estaba tan habituado a mi mundo interior, a mi propia humanidad de pensamientos oscuros y abstractos desprovistos de grandes emociones que incluso en ese momento no podía tolerar, no podía aceptar que ella entrara sin darme cuenta. Era demasiado egoísta como para compartir mi felicidad con alguien más. Por qué me encontró? Por qué confiaba en mi de esa manera?



“Rojo Rococó” 2008.

Nada

"Nada"

Es la única respuesta que encuentro. “No espero nada.” Murmullo. Tratando de tangibilizar eso que tampoco tiene significado aparente. Sin embargo me doy cuenta que es mentira, porque si no tuviera significado, la mente ya lo habría olvidado. Supongo que si es importante después de todo.

Es curioso como estamos adoctrinados a esperar. Esperar es normal. Todos esperamos algo, incluso yo. O no?

Supongo que es un efecto primario, que Newton solo enunció lo evidente con esa su ley de “causa y efecto”. No inventó nada. No descubrió nada. Solo logró ponerle nombre y explicar eso que como humanos hacemos durante toda la vida: “esperar”. Esperar que algo suceda. Espera algo más.

El calor de esta ciudad me es insoportable. Creo que he comenzado a olvidar muchas cosas, como el clima de este pueblo. Mientras fumo un cigarrillo y bebo de esa cerveza que tanto me recuerda a ella, trato de encontrar una respuesta, y por mas que quisiera que fuera diferente, la realidad es que no puedo tapar el sol con un dedo. La respuesta sigue siendo la misma. “Nada”. No espero nada.

La nada me observa silente. Con una paciencia un desesperante para mi instinto de correr.

Si, hay cosas que me siguen gustando, como el hecho de sentarme en esta terraza y beber cerveza solo, como un desconocido más. Sentarme largo y paciente y observar como las cosas se mueven a mi alrededor. Sentarme tranquilo con mis pensamientos, mi humo y su sabor y dejar que la nada pase. Dejar que el día se desvanezca en el estupor de la bebida. Dejar que la nada desaparazeca hasta que sea momento de partir.

Creo que tengo complejo de vigilante, como aquel que espera en la entrada de este lugar. Aquel que observa a la gente que viene y que va. Aquel que aunque armado, nunca tiene la oportunidad de disparar. Solamente observa las cosas ir y venir, pendiente, solo por si acaso, cualquier cosa que pueda ocurrir pero al final NO PASA NADA.

Una gran cosa eso de sentarse a esperar.


DA20131116

Preguntas

Ella me miraba con una paciencia inquebrantable. Su mirada interrogaba mi inexplicable silencio. Qué podía contestarle a esta niña que sin decir mucho, lograba ponerme en jaque con una sencilla pregunta?

"Qué esperás?" Había preguntado casualmente mientras amanecíamos en ese juego de sábanas con olor a whisky.

Porque no había preguntado otra cosa? Supongo que no era una pregunta incisiva. Conociéndola como la conozco, había ido más bien un destello de curiosidad. Esa curiosidad tan felina que solo ella tiene, sin embargo esta pregunta me había dejado seco, estático. Sin palabras. A veces son esas preguntas que parecen tan sencillas las que no tienen respuesta inmediata.

"Qué esperas?" Resonaba la pregunta en el silencio de la habitación.

Si, es cierto. Ahi estaba esperando. Qué esperaba para contestarle? Algo, cualquier cosa que sonara coherente para no herir sus expectativas. Algo suficientemente inteligente para desviar el tema de conversación.

Aún dentro de mi “control”, debo admitir que estaba como en un desierto, buscando cualquier gota de agua que aliviara mi instinto sediento de huir de esa situación.

"Que esperás?" Repetía su mirada mientras prendía un cigarrillo y se recogía el cabello. Me gustaba más que cayera despeinado sobre sus hombros. La luz tenue acentuaba las curvas en su espalda.

Conociéndola como la conozco, sé que es un juego, que le divierte más el silencio que la respuesta. Sé que no espera nada, ni siquiera una respuesta trivial a esa pregunta casual.

Sin embargo el jaque sigue en el tablero y la pregunta me persigue aún aquí, kilómetros lejos de esas sábanas, cuando de noche trato de encontrar respuesta a esa sencilla pregunta. “Qué espero?”

DA20131114